miércoles, 28 de mayo de 2008



José Ortega y Gasset
INTRODUCCIÓN

José Ortega y Gasset (Madrid, 9 de mayo de 1883Madrid, 18 de octubre de 1955), filósofo y ensayista español, exponente principal de la teoría del perspectivismo.
Con las siguientes preguntas, intentare poner de relieve aquellos aspectos más importantes de su filosofía y ver cuál ha sido su influencia en filósofos y personajes ilustres posteriores.
También intento sintetizar las etapas de su pensamiento y como pensaba Ortega que se debía considerar la filosofía.

PREGUNTAS

1 -¿Qué es la filosofía para Ortega?
2-¿Cuáles son sus características principales?
3-¿Qué es la vida para Ortega?
4-¿Qué son las categorías de vida?
5-¿Cuáles son las mas importantes?
6-¿En qué autores podemos ver la influencia de Ortega y cuáles son sus principales obras?
7-¿Cuál es la principal preocupación que marca el pensamiento filosófico de ortega, y cuáles son las etapas que marcan su filosofía?
8.-¿En que consiste el objetivismo?
9-¿Y el perspectivismo?
10.- ¿Qué es la razón vital?


ENLACES

www.e-torredebabel.com (Ortega-Razón Vital)
recursos.cnice.mec.es
www.e-torredebabel.com (La idea de la filosofía)
www.e-torredebabel.com (Estudios)
Wikipedia
www.webdianoia.com

COMENTARIO DE TEXTO

"Pensamiento propiamente tal no hay más que uno: el filosófico. Todas las demás formas de la intelección son secundarias, derivadas de aquélla, o consisten en limitaciones más o menos arbitrarias de la aventura filosófica. El que no parezca así tiene su origen en considerar el pensamiento no más que como el funcionamiento de una facultad o aparato que hay en el hombre, y que se llama inteligencia. (...) No; el pensamiento no es la función de un órgano, sino la faena exasperada de un ser que se siente perdido en el mundo y aspira a orientarse. Si la vida no fuese en su raíz un encontrarse extraviado en un contorno cuyas vías desconoce y donde no sabe cómo ha caído ni cómo podrá salir, el pensamiento no existiría y la máquina intelectiva del hombre, o no habría llegado a desarrollarse, o yacería atrofiada en los desvanes del organismo. pero, por fortuna, vivir es descubrirme a mí mismo sumergido en un medio que me es extraño, que me niega constantemente, y donde avanzo rodeado de fisionomías enigmáticas, de esas que llamo "cosas", las cuales, unas veces me son favorables y otras adversas. Esas "cosas" -que en sentido lato incluyen a los otros hombres- se adelantan a mí como avanzada casual de algo formidable y latente, que las lleva a ellas y a mí y a quien doy toda suerte de nombres redondos: mundo, orbe, universo. Yo necesito, pues, desenmascarar ese enigma circundante del que yo mismo formo parte: saber con quién trato y de quién depende mi vida; conocer, de una vez para siempre, los designios y conducta del mundo porque sólo así puedo descubrir cuál es mi auténtico quehacer en él. Para ello -y no simplemente porque sí, porque soy dueño del aparato intelectual- hago funcionar mi mente. Es, pues, el pensamiento el único ensayo de dominio sobre la vida que puedo y necesito hacer. Dominio, es decir, señorío. No hay otra suerte de esencial señorío que éste del pensamiento. Y es el caso que ni siquiera hace falta que el pensamiento logre su empresa para que ejerza aquel dominio. Ver claramente que el enigma de la vida es insoluble, que la sensación de perdimiento no tiene curación es ya dominar nuestro destino, es sentirse en la verdad."
José Ortega y Gasset, Del Prólogo "a una edición de sus obras", 1932. Obras Completas, vol. VI, p. 351.



EVALUACIÓN:

Las 10 preguntas iniciales valdrán 0.75 cada una. El comentario valdrá 2.5 puntos.


CRISTINA PÉREZ ABRIL
3º DE HUMANIDADES

martes, 20 de mayo de 2008

Bien, con un poco de retraso, os vuelco en vuestro blog los textos propuestos. La actividad consiste en hacer un comentario del mismo conforme al modelo propuesto al inicio de curso:

1) Sentido global del texto.

2) Ideas principales del mismo.

3) Relación del texto con el pensamiento del autor.

4) Corriente histórica del pensamiento a la que pertenece.

5) Influencias recibidas y posibles repercusiones.

6) Relación del texto con la actualidad.

7) Bibliografía y recursos utilizados.

También podéis hacerlo de forma personal. Incluso, si el texto es os resulta demasiado extenso, cabe la posibilidad de seleccionar aquel (o aquellos) fragmentos más significativos del mismo y comentarlo. Eso sí siempre ha de recoger lo más significativo y representativo del tema tratado por el autor.

La idea es que para el día 30 lo tengáis elaborado y me lo entreguéis en la hora prevista de examen, en formato Word.

Junto al texto traeréis resuelta la caza de tesoro de un compañero/a, que podéis encontrar en su blog. En todo caso, si hay algún problema solicitársela a él/ella. Este trabajo ha de presentarse manuscrito, de vuestro puño y letra.

El reparto es el siguiente:

INGA: Caza de tesoro de Unamuno (Raquel).

CRISTINA: Caza de tesoro de Krause (Luís).

RAQUEL: Caza de tesoro de Zubiri (Inga).

LUÍS: Caza de tesoro de Ortega (Cristina).

No me importa que colaboréis entre vosotros, pero al final darle vuestro toque personal.

TEXTO ORTEGA Y GASSET:

Las ideas se tienen; en las creencias se está. -"Pensar en las cosas" y "contar con ellas".

Cuando se quiere entender a un hombre, la vida de un hombre, procuramos ante todo averiguar cuáles son sus ideas. Desde que el europeo cree tener "sentido histórico", es ésta la exigencia más elemental. ¿Cómo no van a influir en la existencia de una persona sus ideas y las ideas de su tiempo? La cosa es obvia. Perfectamente; pero la cosa es también bastante equívoca, y, a mi juicio, la insuficiente claridad sobre lo que se busca cuando se inquieren las ideas de un hombre —o de una época— impide que se obtenga claridad sobre su vida, sobre su historia.

Con la expresión "ideas de un hombre" podemos referirnos a cosas muy diferentes. Por ejemplo: los pensamientos que se le ocurren acerca de esto o de lo otro y los que se le ocurren al prójimo y él repite y adopta. Estos pensamientos pueden poseer los grados más diversos de verdad. Incluso pueden ser "verdades científicas". Tales diferencias, sin embargo, no importan mucho, si importan algo, ante la cuestión mucho más radical que ahora planteamos. Porque, sean pensamientos vulgares, sean rigorosas "teorías científicas", siempre se tratará de ocurrencias que en un hombre surgen, originales suyas o insufladas por el prójimo. Pero esto implica evidentemente que el hombre estaba ya ahí antes de que se le ocurriese o adoptase la idea. Ésta brota, de uno u otro modo dentro de una vida que preexistía a ella. Ahora bien, no hay vida humana que no esté desde luego constituida por ciertas creencias básicas y, por decirlo así, montada sobre ellas. Vivir es tener que habérselas con algo: con el mundo y consigo mismo. Mas ese mundo y ese "sí mismo" con que el hombre se encuentra le aparecen ya bajo la especie de una interpretación, de "idea" sobre el mundo y sobre sí mismo.

Aquí topamos con otro estrato de ideas que un hombre tiene. Pero ¡cuán diferente de todas aquellas que se le ocurren o que adopta! Estas "ideas" básicas que llamo "creencias" —ya se verá por qué— no surgen en tal día y hora dentro de nuestra vida, no arribamos a ellas por un acto particular de pensar, no son, en suma, pensamientos que tenemos, no son ocurrencias ni siquiera de aquella especie más elevada por su perfección lógica y que denominamos razonamientos. Todo lo contrario: esas ideas que son, de verdad, "creencias" constituyen el continente de nuestra vida y, por ello, no tienen el carácter de contenidos particulares dentro de ésta. Cabe decir que no son ideas que tenemos, sino ideas que somos. Más aún: precisamente porque son creencias radicalísimas, se confunden para nosotros con la realidad misma —son nuestro mundo y nuestro ser—, pierden, por tanto, el carácter de ideas, de pensamientos nuestros que podían muy bien no habérsenos ocurrido.

Cuando se ha caído en la cuenta de la diferencia existente entre esos dos estratos de ideas aparece, sin más, claro el diferente papel que juegan en nuestra vida. Y, por lo pronto, la enorme diferencia de rango funcional. De las ideas-ocurrencias —y conste que incluyo en ellas las verdades más rigorosas de la ciencia— podemos decir que las producimos, las sostenemos, las discutimos, las propagamos, combatimos en su pro y hasta somos capaces de morir por ellas. Lo que no podemos es... vivir de ellas. Son obra nuestra y, por lo mismo, suponen ya nuestra vida, la cuál se asienta en ideas-creencias que no producimos nosotros, que, en general, ni siquiera nos formulamos y que, claro está, no discutimos ni propagamos ni sostenemos. Con las creencias propiamente no hacemos nada, sino que simplemente estamos en ellas. Precisamente lo que no nos pasa jamás —si hablamos cuidadosamente— con nuestras ocurrencias. El lenguaje vulgar ha inventado certeramente la expresión "estar en la creencia". En efecto, en la creencia se está, y la ocurrencia se tiene y se sostiene. Pero la creencia es quien nos tiene y sostiene a nosotros.

Hay, pues, ideas con que nos encontramos —por eso las llamo ocurrencias— e ideas en que nos encontramos, que parecen estar ahí ya antes de que nos ocupemos en pensar.

Una vez visto esto, lo que sorprende es que a unas y a otras se les llame lo mismo: ideas. La identidad de nombre es lo único que estorba para distinguir dos cosas cuya disparidad brinca tan claramente ante nosotros sin más que usar frente a frente estos dos términos: creencias y ocurrencias. La incongruente conducta de dar un mismo nombre a dos cosas tan distintas no es, sin embargo, una casualidad ni una distracción. Proviene de una incongruencia más honda: de la confusión entre dos problemas radicalmente diversos que exigen dos modos de pensar y de llamar no menos dispares.

Pero dejemos ahora este lado del asunto: es demasiado abstruso. Nos basta con hacer notar que "idea" es un término del vocabulario psicológico y que la psicología, como toda ciencia particular, posee sólo jurisdicción subalterna. La verdad de sus conceptos es relativa al punto de vista particular que la constituye, y vale en el horizonte que ese punto de vista crea y acota. Así, cuando la psicología dice de algo que es una "idea", no pretende haber dicho lo más decisivo, lo más real sobre ello. El único punto de vista que no es particular y relativo es el de la vida, por la sencilla razón de que todos los demás se dan dentro de ésta y son meras especializaciones de aquél. Ahora bien, como fenómeno vital la creencia no se parece nada a la ocurrencia: su función en el organismo de nuestro existir es totalmente distinta y, en cierto modo, antagónica. ¿Qué importancia puede tener en parangón con esto el hecho de que, bajo la perspectiva psicológica, una y otra sean "ideas" y no sentimientos, voliciones, etcétera?

Conviene, pues, que dejemos este término —"ideas"— para designar todo aquello que en nuestra vida aparece como resultado de nuestra ocupación intelectual. Pero las creencias se nos presentan con el carácter opuesto. No llegamos a ellas tras una faena de entendimiento, sino que operan ya en nuestro fondo cuando nos ponemos a pensar sobre algo. Por eso no solemos formularlas, sino que nos contentamos con aludir a ellas como solemos hacer con todo lo que nos es la realidad misma. Las teorías, en cambio, aun las más verídicas, sólo existen mientras son pensadas: de aquí que necesiten ser formuladas.

Esto revela, sin más, que todo aquello en que nos ponemos a pensar tiene ipso facto para nosotros una realidad problemática y ocupa en nuestra vida un lugar secundario si se le compara con nuestras creencias auténticas. En éstas no pensamos ahora o luego: nuestra relación con ellas consiste en algo mucho más eficiente; consiste en... contar con ellas, siempre, sin pausa.

Me parece de excepcional importancia para inyectar, por fin, claridad en la estructura de la vida humana esta contraposición entre pensar en una cosa y contar con ella. El intelectualismo que ha tiranizado, casi sin interrupción, el pasado entero de la filosofía ha impedido que se nos haga patente y hasta ha invertido el valor respectivo de ambos términos. Me explicaré.

Analice el lector cualquier comportamiento suyo, aun el más sencillo en apariencia. El lector está en su casa y, por unos u otros motivos, resuelve salir a la calle. ¿Qué es en todo este su comportamiento lo que propiamente tiene el carácter de pensado, aun entendiendo esta palabra en su más amplio sentido, es decir, como conciencia clara y actual de algo? El lector se ha dado cuenta de sus motivos, de la resolución adoptada, de la ejecución de los movimientos con que ha caminado, abierto la puerta, bajado la escalera. Todo esto en el caso más favorable. Pues bien, aun en ese caso y por mucho que busque en su conciencia, no encontrará en ella ningún pensamiento en que se haga constar que hay calle. El lector no se ha hecho cuestión ni por un momento de si la hay o no la hay. ¿Por qué? No se negará que para resolverse a salir a la calle es de cierta importancia que la calle exista. En rigor, es lo más importante de todo, el supuesto de todo lo demás. Sin embargo, precisamente de ese tema tan importante no se ha hecho cuestión el lector, no ha pensado en ello ni para negarlo ni para afirmarlo ni para ponerlo en duda. ¿Quiere esto decir que la existencia o no existencia de la calle no ha intervenido en su comportamiento? Evidentemente, no. La prueba se tendría si al llegar a la puerta de su casa descubriese que la calle había desaparecido, que la tierra concluía en el umbral de su domicilio o que ante él se había abierto una sima. Entonces se produciría en la conciencia del lector una clarísima y violenta sorpresa. ¿De qué? De que no había aquélla. Pero ¿no habíamos quedado en que antes no había pensado que la hubiese, no se había hecho cuestión de ello? Esta sorpresa pone de manifiesto hasta qué punto la existencia de la calle actuaba en su estado anterior, es decir, hasta qué punto el lector contaba con la calle aunque no pensaba en ella y precisamente porque no pensaba en ella.

El psicólogo nos dirá que se trata de un pensamiento habitual, y que por eso no nos damos cuenta de él, o usará la hipótesis de lo subconsciente, etc. Todo ello, que es muy cuestionable, resulta para nuestro asunto por completo indiferente. Siempre quedará que lo que decisivamente actuaba en nuestro comportamiento, como que era su básico supuesto, no era pensado por nosotros con conciencia clara y aparte. Estaba en nosotros, pero no en forma consciente, sino como implicación latente de nuestra conciencia o pensamiento. Pues bien, a este modo de intervenir algo en nuestra vida sin que lo pensemos llamo "contar con ello". Y ese modo es el propio de nuestras efectivas creencias.

El intelectualismo, he dicho, invierte el valor de los términos. Ahora resulta claro el sentido de esta acusación. En efecto, el intelectualismo tendía a considerar como lo más eficiente en nuestra vida lo más consciente. Ahora vemos que la verdad es lo contrario. La máxima eficacia sobre nuestro comportamiento reside en las implicaciones latentes de nuestra actividad intelectual, en todo aquello con que contamos y en que, de puro contar con ello, no pensamos.

¿Se entrevé ya el enorme error cometido al querer aclarar la vida de un hombre o de una época por su ideario; esto es, por sus pensamientos especiales, en lugar de penetrar más hondo, hasta el estrato de sus creencias más o menos inexpresas, de las cosas con que contaba? Hacer esto, fijar el inventario de las cosas con que se cuenta, sería, de verdad, construir la historia, esclarecer la vida desde su subsuelo.

ORTEGA Y GASSET, Ideas y creencias. Espasa-Calpe


viernes, 14 de marzo de 2008

Trabajo Juan Huarte de San juan

En la siguiente página de Cibernous, aparecen los autores del renacimiento español que vamos a trabajar en clase.

Para trabajar la obra del médico Juan Huarte de San Juan, que da título a nuestra entrada, iremos al documento elaborado por el Doctor de Filosofía José Biedma titulado: EL PODER DE LA IMAGINACION Y LA FECUNDIDAD DEL ENTENDIMIENTO EN EL EXAMEN DE INGENIOS PARA LAS CIENCIAS DE JUAN HUARTE DE SAN JUAN (Sobre el origen hispano de la filosofía moderna).

Una vez abierta la página, nos repartiremos el trabajo según acordamos en clase. Por si tenéis dudas, en cada uno de vuestros blogs particulares os he descargado la parte del trabajo que os corresponde.

Cristina:

1. Huarte y la filosofía moderna

2. Naturaleza e ingenio

Raquel:

3. Imaginación: reminiscencia y sentido común.

Luis:

4. La prudencia de la carne: la destreza y la gracia

Inga:

6. Trascendencia de la voluntad racional

7. El bruto y el ángel

El trabajo consiste en leer detenidamente vuestros apartados, elaborar un breve documento en powerpoint para después exponerlo en clase.

Fecha de entrega y exposición: martes,15 de Abril.

TEXTOS CRISTINA:

1.-Huarte y la filosofía moderna

Menéndez Pelayo pone de manifiesto las raíces hispanas del escepticismo y del criticismo, refiriéndose sobre todo a la obra de Vives y de Francisco Sánchez el Escéptico. Los estudios posteriores han profundizado esta tesis de Menéndez Pelayo: El cartesianismo se formó con despojos de la filosofía española.

En efecto, casi todas las grandes doctrinas del racionalismo, del empirismo y del criticismo, pueden encontrarse en estado larvario, en germen y como intuiciones brutas, en los grandes autores hispanos del Renacimiento.

El extraordinario parecido entre el pirronismo metodológico de Francisco Sánchez y el de Descartes. No obstante, que sepamos, nadie hasta el momento ha descrito la analogía entre la psicología racional implícita en la Crítica de la razón pura y el papel trascendental y creador que Huarte le reconoce al ingenio, sobre todo a sus dos facultades o potencias activas: la imaginación y el entendimiento.

Es muy verosímil que el Examen fuera conocido en Alemania al entrar el siglo XVII, bien por la ediciones castellanas impresas en Flandes, bien por las numerosas que se habían editado en latín, francés e italiano.

Se explica allí que "ingenio", en sentido específico, es aquella capacidad por la cual un individuo no sólo aprende lo que se le enseña, sino que llega a producir y dar a luz de por sí nuevos conceptos.

La raíz del ingenio está para Huarte, en la propia naturaleza, esto es, en el temperamento.

Lessing tomó la obra del médico baezano como materia de su tesis doctoral, y afirma que pocos sabios españoles habían llegado a ser tan conocidos en Alemania como Huarte. Admira su originalidad y el poderoso vuelo de su espíritu que abre nuevos rumbos al pensamiento, así como su elevación mental, que trasciende los límites de su tiempo.


Siendo de tal calibre la difusión del Examen en Alemania, es muy probable que fuera también conocido por los dos hombres que, en el crepúsculo del XVIII, señalan la cumbre del pensamiento alemán: Kant y Goethe, aunque en sus obras no se mencione al español expresamente.

2.- Naturaleza e ingenio

En los primeros capítulos del Examen, Huarte clarifica su concepción de la Naturaleza (con solemne mayúscula) como orden suficiente y necesario del mundo. "Desde que Dios creó el mundo -dice- no ha habido que añadir ni quitar una jota". Se advierte este sentido humanizado de la Naturaleza" (12). Y también se advierte este sentido naturalista del hombre: "la mona de Dios", "el más hermoso animal de cuantos naturaleza crió". La naturaleza se diversifica en cada hombre según su temperamento, causa de sus habilidades, actitudes, virtudes y vicios, y raíz de la singularidad de cada ingenio.

En el segundo capítulo, Huarte nos ofrece un análisis lingüístico del término "naturaleza" respecto del término "hombre", digno del mismísimo David Hume. Así, distingue entre el significado metafísico de la naturaleza humana como ánima racional, cuyas notas son la identidad y la inalterabilidad, y el significado filosófico y físico de la naturaleza como temperamento, dependiente de los "espíritus" o humores vitales, humores que la medicina actual analizaría con mucha más finura en tanto que sustancias bioquímicas cuya composición revela el microscopio (hormonas, endorfinas, etc.), pero que para Huarte son la sangre, la flema, la cólera o bilis, y la melancolía, también llamada bilis negra o atrabilis. El cerebro es para Huarte el asiento natural de las facultades del alma (cap. III)

"Nuestra ánima racional, aunque es incorruptible, siempre anda asida de las disposiciones del cerebro, las cuales, si no son tales cuales son menester para discurrir y filosofar, dice y hace mil disparates" (XV).

A los significados metafísico y fisilógico de la naturaleza del hombre, Huarte yuxtapone la noción del humanismo renacentista (a veces, todo hay que decirlo, sin demasiada coherencia, debido a su propensión materialista y reduccionista), o sea, el concepto moral de la "doble naturaleza", o "doble nacimiento" del hombre. Es el carácter ético en que cristaliza el temperamento a través del ejercicio de la virtud y las obras propias, es decir, la nueva identidad, independiente de la sangre, y propia del nuevo sujeto moral, libre y urbano. Y cita el refrán castellano: "cada uno es hijo de sus obras". En efecto, como buen burgués, Huarte tiene en más la nobleza o dignidad otorgada por el mérito, "segundo nacimiento del hombre", que la heredada por el "hijodalgo". El carácter es fruto, en primer lugar, de la virtud, dependiendo su calidad de las obras propias y del valor personal demostrado en ellas (templanza, coraje, prudencia, justicia); en segundo lugar, también depende de la hacienda, y luego, sólo terciariamente, de la nobleza heredada. Como hemos dicho, Huarte rebaja el valor de ésta, y la compara muy expresivamente con "el cero de la cuenta guarisma que, si no le arriman algún número, no suma nada". Además, también cuenta la dignidad y honra del oficio que se ejerce, el buen apellido y gracioso nombre y, por fin, hasta la excelencia del atavío (cap. XIII).

Pero en su Examen, nuestro autor sostiene siempre que el temperamento natural condiciona el carácter moral, tanto como las aptitudes generales para las ciencias y los oficios, dependiendo su equilibrio, sobre todo, de la armonía y concierto ("conmoderación") entre las partes del ánimo. Aunque Huarte tiene buen cuidado en preservar la libertad (esta cuestión del indeterminismo y la predestinación era capital en la polémica con los protestantes), y aunque admitía que en la meditación y contemplación de las cosas adquiere el hombre nuevo temperamento (carácter) sobre el que tienen los miembros del cuerpo, Huarte busca como fisiólogo, como médico y "empírico", en los órganos y humores, la razón suficiente del comportamiento humano, lo cual le obliga a recurrir a la gracia para explicar el dominio del espíritu sobre la carne, pues "en buena filosofía natural", si el hombre ha de hacer algún acto de virtud en contradicción de la carne, es imposible poderlo obrar sin auxilio exterior de la gracia, "por ser las calidades con que obra la potencia inferior de mayor eficacia" (cap. XIV).

A las facultades superiores del espíritu humano da Huarte el título general de ingenio, el cual guarda la misma proporción con la ciencia que la tierra con la semilla, según nos refiere en su segundo proemio, de modo que "enseñar cosas delicadas a hombres de bajo entendimiento" es como "gastar el tiempo en vano, quebrarse la cabeza y echar a perder la doctrina". En uno de los principios de su filosofía natural, que podríamos llamar de la formalidad de las potencias, determina las facultades que gobiernan al hombre como desnudas y privadas de condiciones y calidades; son potencias que se apropian del objeto para que puedan conocer y juzgar de todas sus diferencias (cap. XII). El ingenio es, pues, la unidad final y principal de las potencias orgánicas del alma racional, o sea, el talento, pero no un talento fijo y como dado o impuesto de una vez por la naturaleza, sino que engorda con lo que poco a poco vamos entendiendo y rumiando, disponiéndose así mejor cada día y permitiendo que, andando el tiempo, caigamos en cosas que atrás no pudimos alcanzar ni saber (cap. I, 1594). "La naturaleza necesita tiempo". Tal vez erróneamente, Huarte desmitifica el origen etimológico de la palabra "ingenio". Pues, según Corominas, "ingenio" viene de genius: 'demon o deidad tutelar y personal', mientras que Huarte la deriva de ingenere: 'engendrar'.

Para Huarte, la mente o ánima racional del hombre (acto del cuerpo) tiene dos potencias activas que constituyen sendas dimensiones, intelectual y sensible, del poder generador del espíritu humano: el entendimiento y la imaginación ("la imaginativa"). Además, la mente humana cuenta con una potencia pasiva: la memoria. Tanto la memoria como la imaginación tienen que estar presentes en todo acto intelectual, dado que la inteligencia humana precisa de las imágenes, las cuales constituyen los verdaderos materiales del entendimiento. Igualmente, sin la memoria, tampoco valen nada el entendimiento ni la imaginativa. Primero, Huarte hace depender la eficacia del espíritu humano de la armonía de estas facultades (lo importante es la armonía del alma, cap. XIV); y, segundo, explica la diversidad de los ingenios por la predominancia o grado en que se dan en cada quisque.

miércoles, 6 de febrero de 2008

PAUTAS PARA HACER COMENTARIOS DE TEXTO

El comentario de los textos propuestos puede hacerse de forma personal, según criterios del propio alumno. El siguiente esquema es meramente indicativo por si sirve de ayuda y orientación.

1) Sentido global del texto.

2) Ideas principales del mismo.

3) Relación del texto en el conjunto del pensamiento del autor.

4) Corriente histórica del pensamiento a la que pertenece.

5) Influencias recibidas y posibles repercusiones en otros autores.

6) Relación del texto con la actualidad.